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Estatalidad astillada y violencia encubierta: un análisis de las políticas públicas de seguridad en Zacatecas desde la geopolítica de la fragmentación. 2021-2025

Ensayo académico · Octubre de 2026 · ~47 min de lectura
⚠ Ensayo invitado. Las opiniones, análisis y conclusiones de este documento son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la posición institucional del CEEYPP. Se publica por su interés analítico para el estudio de la geopolítica y la seguridad en América Latina.

ResumenResumen

El trabajo estudia la política pública de seguridad implementada en el Estado mexicano de Zacatecas en el período 2021-2025. Sostiene la hipótesis de que las problemáticas de seguridad se originan en las características del hub de conexión logística zacatecano, que son aprovechadas por el crimen organizado en virtud de una gobernanza fragmentaria e híbrida que clona los atributos propios de la estatalidad.

Menciona siete (7) iniciativas de seguridad implementadas en la etapa inicial de la política pública llevadas adelante por la Secretaría de Seguridad Pública del estado en el periodo 2021-2025, las que son descritas y analizadas en términos del paradigma de la geopolítica de la fragmentación, focalizando las políticas de control territorial y el surgimiento de la violencia encubierta. Argumenta que estas siete (7) iniciativas forzaron una reconfiguración espacial y simétrica, demostrando que la reducción cuantitativa de homicidios responde a la clandestinización de la letalidad en los fragmentos del mapa.

Palabras clave: estatalidad astillada - violencia encubierta - geopolítica de la fragmentación - hub logístico - gobernanza híbrida.

Sección 1Introducción y estado del arte: el giro territorial de la seguridad

Tempranamente, Nicholas Spykman (1942: 98) afirmaba que “la geopolítica es el estudio y la planeación de políticas de seguridad que no pueden ser definidas ni desarrolladas independientemente de las características del área donde existe la tensión”. Al otorgarle a la geopolítica un enfoque en las problemáticas de seguridad que no podían ser comprendidas sin tomar en cuenta el espacio, Spykman desmoronó la visión puramente criminológica o policial del fenómeno, destacando la relación intersignificativa entre el Estado y el territorio. Posteriormente, la geopolítica crítica logró refinar esta matriz conceptual. El francés Yves Lacoste (2008: 10), gran precursor de la disciplina, sentenció que “poder y territorio son dos términos fundamentales de la geopolítica”, devolviéndole a la geografía su carácter de trazador estratégico fundamental.

No obstante, las dinámicas contemporáneas del crimen organizado transnacional exigen ir un paso más allá de la tradicional Geopolítica de la Seguridad. Si bien John Agnew (2005: 60) advirtió sobre la “trampa territorial” y definió que “defender la seguridad en su dominio espacial particular y la actividad política que lleva aparejada es el principal objetivo del Estado territorial”, el escenario mexicano actual —y el caso de Zacatecas en particular— demuestra que el monopolio del territorio ya no es una variable exclusiva de las instituciones formales. Al perder el Estado la gobernabilidad inclusiva y la regulación del mercado ilícito, se transita hacia una privatización de la violencia donde el Estado opera como un particular armado más entre un conjunto variado de “warlords”.

Es aquí donde el marco clásico debe evolucionar hacia la Geopolítica de la Fragmentación. Esta subdisciplina no anula los postulados de la geopolítica de la seguridad, sino que los radicaliza en una dimensión microfísica. Mientras la geopolítica de la seguridad asume que el Estado y el delito operan como bloques monolíticos persiguiendo el control del espacio, la Geopolítica de la Fragmentación argumenta sobre el astillamiento de la soberanía en micro-gobernanzas locales y competitivas.

Tal como explican Bailey y Godson (2000), el poder ya no se distribuye de arriba hacia abajo de forma sistémica-centralizada (como la dimensión vertical propia de la ciencia política al estudiar el gobierno), sino a través de un flujo mutante de alianzas dinámicas y predatorias donde las organizaciones criminales se comportan estatalmente, asumiendo funciones de control territorial absoluto en determinadas geografías de espacialidad pequeña y alta legitimidad.

Esta fragmentación espacial no se desarrolla en el vacío social, sino que se cruza con la geografía económica del capitalismo extractivo. Recuperando la tesis de David Harvey (2007) respecto a la lucha entre territorios y la geopolítica del capital, la fragmentación del espacio mediante mecanismos de violencia espectacularizada (masacres, despojo y desplazamientos forzosos) funciona como el mecanismo operativo que viabiliza el vaciamiento de los controles territoriales legales.

Los sicarios del crimen organizado ejecutan el «trabajo sucio» de despoblamiento / desplazamiento forzoso en ciertas zonas ricas en recursos naturales (litio, oro y plata de la Sierra Madre Occidental zacatecana), legalizando de facto el apalancamiento neoliberal que los organismos del Estado de derecho no pueden implementar sin violar su razón de ser.

En síntesis, el análisis contemporáneo de la seguridad pública no puede limitarse al conteo efímero de delitos. Debe mapear la geografía política en que el territorio se fragmenta en pasillos logísticos y aduanas criminales interconectadas con los nodos de la economía global.

Sección 2El concepto de estatalidad bajo el paradigma de la fragmentación

Los actores que protagonizan las problemáticas de seguridad contemporáneas construyen estatalidad, pero ¿qué significa este concepto en un espacio fragmentado? Para explicarlo, Barrios, Emmerich y Torres Curiel (2019) recurren a la clásica definición de Max Weber, para quien el Estado se configura como “aquella comunidad humana que en un territorio determinado reclama para sí con éxito el monopolio legítimo de la violencia”. De esta formulación clásica emergen los atributos constitutivos de la estatalidad moderna: el monopolio, la delimitación territorial, la capacidad coactiva y la estabilidad.

Sin embargo, como bien sostiene Stephen Krasner (2001) al desmitificar la soberanía, estos atributos nunca representan un estado de gracia estático, sino una pretensión, un intento de llegar a ser que se encuentra en perenne tensión y disputa en la arena real.

Tradicionalmente, la literatura analizó la pérdida de control de estos atributos bajo la categoría de «Estado fallido». No obstante, la Geopolítica de la Fragmentación descarta la supuesta (e improbable) idea de una disolución absoluta. Apoyándonos en Christopher Clapham y Georg Sorensen (2001), se asume que la soberanía formal persiste y que el fenómeno del failure se define en realidad por una escala dinámica de indicadores de estatalidad: ningún Estado es completamente autónomo y estable, ni tampoco completamente débil o inexistente. La estatalidad es, por definición, fluida y divisible.

La ruptura epistemológica que introduce la geopolítica de la fragmentación radica en que el crimen organizado —lejos de ser un agente puramente anárquico o exterior— asume una búsqueda crecientemente consciente de estatalidad. Al astillarse el poder centralizado, las organizaciones criminales intensivas (como el Cártel de Sinaloa o el CJNG) se ven obligadas por la lógica territorial y la lógica política de la guerra contra las drogas a comportarse estatalmente.

Para regentear de manera segura las comunicaciones logísticas intermodales que conectan las costas de la región con la frontera de Texas (Cuadros 1 y 2), el crimen organizado captura fracciones territoriales e interviene de forma directa en los acuerdos de gobernabilidad local, no desde una pretensión de hegemonía totalitaria que lo dejaría asediado y carente de legitimidad, sino como un vector de poder que cohabita y da forma al Estado fragmentado.

Por consiguiente, la estatalidad de un territorio no se mide por la vigencia abstracta del orden legal, sino por el actor real que administra sus indicadores medibles en la cotidianeidad (Barrios y Emmerich, 2019). Mientras el Estado formal despliega su hardware tecnológico de vigilancia buscando obtener control por ese medio (arcos carreteros, cámaras C5i), el crimen organizado despliega una estatalidad cualitativa: edifica legitimidad a nivel municipal subsidiando festividades locales y auxilio social, establece territorialidad mediante checkpoints de control y aduanas vehiculares en ruta, ejerce coerción a través de un armamento de alto nivel que desafía cara a cara la fuerza pública. Pero por sobre todas las cosas participa activamente en una estatalidad fragmentada, agregando poder real en el sitio del poder formal.

Bajo esta redefinición, la seguridad pública desborda la persecución punitiva e individual del delincuente para transformarse en una disputa geopolítica e institucional por la reconquista de los indicadores de estatalidad local. La meta estratégica de las agencias del Estado no radica en la asfixia utópica de una estructura delictiva exterior, sino en la alteración de los términos de la gobernabilidad híbrida en los fragmentos del mapa.

Este esfuerzo permanente por incrementar la capacidad de regulación de las instituciones formales exige, de manera vinculante, la activación de procesos de autodepuración del aparato estatal.

Dichas purgas burocráticas no operan como un fin punitivo abstracto, sino como un mecanismo de profilaxis geopolítica indispensable para desmantelar los nodos de aquiescencia en la zona de gris. Solo restando centralidad al factor criminal mediante la limpieza de sus propios cuadros locales, el Estado formal puede forzar a que los acomodos coincidentes del territorio se inclinen hacia una preservación relativa del orden público institucional, recuperando la iniciativa en el codiseño del Estado fragmentado. Obligando, en consecuencia, a que el crimen organizado vaya acomodándose a unas políticas públicas capaces de elaborar políticas públicas anticipatorias a fin de “ubicar” al crimen organizado en un fragmento deseado de territorialidad futura.

Sección 3Diagnóstico de la situación en Zacatecas: delito cuantitativo vs. fragmentación cualitativa

El diagnóstico estratégico de seguridad pública exige identificar las variables objetivas y subjetivas que operan sobre el territorio de Zacatecas, superando la inmediatez de la métrica punitiva tradicional. Si bien las estadísticas oficiales se limitan a contabilizar las fluctuaciones de la violencia penal, la perspectiva de la fragmentación cualitativa demuestra que los indicadores delictivos son, en realidad, el reflejo directo de la disputa por el control de los fragmentos del mapa.

3.1. En términos subjetivos: la percepción en el corazón del hub

La seguridad subjetiva gira en torno a la percepción de riesgo de la ciudadanía. De acuerdo con los datos históricos del INEGI procesados por Lares Chávez (2025), la percepción de inseguridad en la entidad registró una disminución progresiva, pasando de un pavoroso 97.7% en el año 2022 a un 76.8% en septiembre de 2025. Este descenso fue particularmente significativo en el municipio de Fresnillo, donde la percepción bajó del 86.7% al 75.4%.

No obstante, a pesar de esta mejora acumulada de 21.5 puntos porcentuales en tres años, la zona conurbada de Zacatecas mantiene una posición crítica a nivel nacional. Desde el software agencial, esta persistencia del temor social revela que la población decodifica de forma inconsciente que las estructuras criminales continúan instaladas en el territorio. La disminución de la percepción no indica el retorno del monopolio estatal, sino un entorno donde el orden impuesto por las micro-soberanías delictivas estabiliza transitoriamente la cotidianeidad vecinal, civilizando los niveles de histeria colectiva.

Gráfico 1. Percepción sobre inseguridad pública por área urbana de interés. Diciembre 2024 – Diciembre 2025
Gráfico 1. Percepción sobre inseguridad pública por área urbana de interés. Diciembre 2024 – Diciembre 2025 Fuente: Lares Chavez (2025).

3.2. En términos objetivos: la mutación simétrica de los indicadores

Al examinar las estadísticas criminales, los datos de la ENVIPE revelan que la incidencia delictiva severa en Zacatecas se ha concentrado históricamente en un universo específico de violencia material: la extorsión (cobro de piso), el fraude, el robo total o parcial de vehículos y el asalto en el transporte público. En los años 2020 y 2021, la tasa se mantuvo en niveles sumamente elevados, registrando hasta 22,474 delitos violentos por cada 100 mil habitantes.

El indicador trascendental, sin embargo, se manifiesta en la estadística de homicidios dolosos. En el año 2021, la entidad colapsó en el abismo de la inseguridad con un registro de 1,741 homicidios dolosos, arrojando una tasa pavorosa de 109 asesinatos por cada 100 mil habitantes, lo que colocó a Zacatecas en el puesto número uno del ranking nacional de letalidad. Tras la reconfiguración estratégica iniciada por el gobierno del estado en 2021 y la posterior implementación de la «Agenda de la Paz» en 2024, las cifras oficiales mostraron una tendencia a la baja sin precedentes, descendiendo a 500 homicidios en 2024 y desplomándose a solo 54 incidentes en el año 2025, ubicando la tasa de letalidad muy por debajo del estándar nacional.

Gráfico 2. Delitos cada 100 mil habitantes en personas mayores a 18 años
Gráfico 2. Delitos cada 100 mil habitantes en personas mayores a 18 años Fuente: ENVIPE (2022: 8).

A nivel formal, la burocracia estatal celebra este desplome como un éxito absoluto de la pacificación punitiva. No obstante, bajo el prisma de la geopolítica de la fragmentación y rescatando la perspicacia científica de García Alanís (2025), esta reducción drástica de homicidios debe interpretarse con cautela clínica: no representa un desmantelamiento de las organizaciones transnacionales, sino una sofisticación de sus tácticas operativas. Al verse asediados por las 7 iniciativas operativas del Estado y tras la muerte de liderazgos hegemónicos como Nemesio Oseguera «El Mencho» el 22 de febrero de 2026, los grupos delictivos del centro-norte (CJNG y Sinaloa) adaptaron sus estrategias hacia formas de violencia menos visibles, pero igualmente devastadoras, tales como la desaparición forzada de personas, el control encubierto de las policías municipales y la macrocriminalidad corporativa vinculada al despojo minero.

En síntesis, el diagnóstico objetivo demuestra que los carteles mutaron de una guerra predatoria abierta a una gobernabilidad de la fragmentación, estabilizada y de control encubierto.

Gráfico 3. Incidencia de los cuatro delitos más frecuentes
Gráfico 3. Incidencia de los cuatro delitos más frecuentes Fuente: ENVIPE (2022: 11)
Gráfico 4. Disminución del promedio diario de homicidios dolosos por entidad federativa
Gráfico 4. Disminución del promedio diario de homicidios dolosos por entidad federativa Fuente: La Jornada Zacatecas, 2026

Sección 4El hub de conexión de Zacatecas como infraestructura de la fragmentación

La geografía económica de la globalización ha transformado las redes de transporte en verdaderos escenarios de disputa soberana. En el caso mexicano, el Estado de Zacatecas no se configura como una periferia aislada, sino como el hub logístico intermodal central del centro-norte del país.

Es un eje crucial donde convergen cuatro rutas federales estratégicas (Cuadro 1) que conectan el corazón del doble heartland productivo (Ciudad de México-Querétaro-Bajío) directamente con los puertos de ambas costas y las aduanas más cotizadas de la frontera con Estados Unidos.

Por necesidad, bajo el paradigma de la Geopolítica de la Fragmentación, esta infraestructura de alta velocidad deja de ser una vía neutral de comercio legal y se revela como un sistema nervioso sobre el cual el crimen organizado construye su estatalidad forzada y microfísica. Los cárteles transterritoriales (CJNG y Sinaloa) no pretenden destruir estas vialidades. Su objetivo geopolítico es colonizarlas para implantar aduanas criminales invisibles y capturar las rentas del tránsito global.

4.1. Las venas terrestres del trasiego transnacional

El desglose empírico de las conexiones fronterizas y las rutas interoceánicas plasmado en los Cuadros 1 y 2 demuestra la centralidad ineludible del espacio zacatecano:

Es aquí donde la fragmentación adquiere una relevancia geopolítica global: el fentanilo, las drogas sintéticas y sus precursores químicos de origen asiático cruzan obligatoriamente por este corredor, convirtiendo los tramos zacatecanos en el filtro aduanero más disputado del continente.

Esta red terrestre se complementa de forma estratégica con la infraestructura ferroviaria del Corredor Central (Ruta México-Ciudad Juárez), utilizada para el traslado masivo de minerales, granos y productos de la industria automotriz terminada. Al pasar por Zacatecas con rumbo a El Paso, esta conexión ferroviaria se revela como un corredor inmejorable para el aprovechamiento delictivo, poniendo de manifiesto la racionalidad comercial, elemental y pragmática del crimen organizado.

Lejos de constituir una ingeniería logística sofisticada o un diseño estratégico excepcional, la operatividad criminal se limita a una explotación parasitaria y sencilla de las venas comerciales preexistentes del capitalismo contemporáneo. Las células de la fragmentación no fundan nuevos mercados espaciales, simplemente usufructúan las arterias del gran capital legal mediante el sabotaje de vías y el saqueo a gran escala, interrumpiendo los flujos globales a costo cero para sus propias estructuras.

Carretera FederalConexión fronterizaRecorridoInserción en Estados UnidosImportancia
Carretera Federal 45 Panamericana): es el eje norte-sur más relevante del país.Desde Ciudad de México y Querétaro hacia Ciudad Juárez, Chihuahua, frontera con Estados Unidos.Pasa por la capital y conecta con el Bajío (Aguascalientes, León) hacia el sur y con Durango hacia el norte.Cruza hacia El Paso, Texas, donde conecta con la Interestatal 10 (I-10), que recorre el sur de Estados Unidos desde Los Ángeles hasta Florida.
Carretera Federal 49: conocida como el eje Zacatecas-San Luis Potosí.Conecta en Ciudad Jiménez, Chihuahua, con la Carretera 45, que sigue hasta Ciudad Juárez.Es la vía preferida para el transporte de carga que viene desde el centro-sur (San Luis Potosí) y busca evitar zonas urbanas densas antes de llegar a la frontera.Roma / Laredo, Texas, conecta con la Interestatal 35 (I-35) que circula por San Antonio / Dallas / Chicago.Es un corredor clave para el transporte de carga industrial, agrícola y minera hacia el noreste de México.
Carretera Federal 54: cruza el estado de forma transversal-norte.Punto de llegada en Ciudad Mier, Tamaulipas.Desde Guadalajara, Jalisco, hacia Saltillo, Coahuila y Monterrey, Nuevo León.Termina en Ciudad Mier, pero su flujo principal se desvía en Saltillo/ Monterrey hacia Nuevo Laredo, conectando con Laredo, Texas. Allí nace la Interestatal 35 (I-35), el corredor logístico más importante de Estados Unidos, hasta Canadá.Es la ruta preferida para el transporte de mercancías desde Manzanillo hacia el polo industrial de Monterrey y la frontera con Estados Unidos en Nuevo Laredo.
Carretera Federal 23: conexión regional hacia el occidente.Desde Fresnillo, Zacatecas, hacia Guadalajara, Jalisco.El Paso, Texas conectando con la Interestatal 10 (I-10), de costa a costa de Estados Unidos.Sirve como ruta alterna de conexión comercial con el occidente del país.
Infraestructura Ferroviaria
El Estado forma parte del corredor ferroviario central.Ruta México-Ciudad Juárez.Conecta la Ciudad de México con la frontera en El Paso, Texas, pasando por Zacatecas.Se utiliza para el transporte masivo de minerales, granos y productos de la industria automotriz (autopartes y vehículos terminados).
Cuadro 1. Conexiones Fronterizas Fuente: elaboración propia

Estas carreteras federales y líneas ferroviarias que pasan por Zacatecas llegan hasta la frontera con Estados Unidos, permitiendo el flujo directo de mercancías y personas hacia diversas ciudades fronterizas y conectando con el sistema americano de autopistas.

CostaCaracterísticaPuertoConexiónImportancia
Conexión con el Pacífico (Occidente)Zacatecas es un nodo clave para las mercancías que entran por los puertos más importantes del Pacífico mexicano.Puerto de Manzanillo (Colima): el mayor puerto del país.Conexión a través de la Carretera Federal 54, desde Colima y Guadalajara hacia Zacatecas.Entrada de mercancías desde Asia.
Puerto de Lázaro Cárdenas (Michoacán).Se conecta mediante la red de autopistas que enlazan el Bajío con Zacatecas (vía Carretera 45).Facilita el transporte de contenedores y vehículos hacia el norte.
Conexión con el Atlántico / Golfo de México (Oriente)Hacia el este, Zacatecas se enlaza con los principales centros de exportación del Golfo de México.Puerto de Altamira (Tamaulipas).La Carretera Federal 54 conecta Zacatecas con Monterrey y posteriormente con la zona industrial de Altamira.Es una ruta vital para la industria petroquímica y siderúrgica con destino a Europa.
Puerto de VeracruzLa Carretera Federal 49 conecta con la Carretera Federal 150 hasta VeracruzPrincipal puerto histórico de carga general.
Cuadro 2. Rutas Interoceánicas vía Zacatecas Fuente: elaboración propia

Esta capacidad de conectar ambos océanos más su acceso a toda la frontera norte, define a Zacatecas como un hub logístico intermodal en términos comerciales.

4.2. El corredor del Pacífico y la conexión con Sinaloa

Como se describe meticulosamente en los Cuadros 3, 4 y 5, el hub zacatecano se enlaza con la costa oeste de Estados Unidos y el estado de Sinaloa a través de un complejo entramado que desafía la geografía o las distancias físicas del mapa. A través de la conexión Zacatecas-Durango (Federal 45/49) y cruzando la Sierra Madre Occidental por la autopista Durango-Mazatlán (150D), el espacio zacatecano se integra orgánicamente al Corredor Económico del Norte.

Esta interconexión vial permite que los flujos ilícitos y comerciales provenientes de los feudos históricos del Cártel de Sinaloa se inyecten de manera directa en el altiplano zacatecano para buscar salida hacia Texas. En consecuencia, Zacatecas no padece una violencia delictiva común, de carácter local. Sufre una guerra de posiciones propia de la lógica de facilitación comercial global.

El territorio zacatecano funciona como la gran aduana intermedia donde colisionan el impulso expansivo del Cártel Jalisco Nueva Generación (que sube desde Colima y Jalisco por la Federal 54) y la estrategia de contención y repliegue del Cártel de Sinaloa (que penetra desde el noroeste). El espacio se astilla en micro-soberanías locales precisamente porque quien logre estabilizar su estatalidad sobre estas carreteras federales controlará el flujo interoceánico de la globalización ilícita.

Conexión por carretera (Ruta Nacional)
RutaRecorridoCaracterísticas
Zacatecas a Durango (Fed. 45 / 49):Se toma hacia el norte para conectar con la autopista a Durango.
Durango a Mazatlán (Fed. 40D):Se cruza la Sierra Madre Occidental hacia la costa del Pacífico.
Corredor del Pacífico (Fed. 15D).Desde Mazatlán se sube por toda la costa de Sinaloa y Sonora hasta llegar a Santa Ana.
Santa Ana a Tijuana (Fed. 2).Esta es la ruta fronteriza definitiva que atraviesa el desierto de Altar y la Rumorosa hasta llegar a Tijuana.El transporte internacional de carga a veces opta por subir de Zacatecas a Ciudad Juárez (Fed. 45), cruzar a El Paso y utilizar la I-10 y la I-8 en Estados Unidos para reingresar por San Diego/Tijuana.
Conexión Aérea
Zacatecas cuenta con vuelos directos a Tijuana operados por aerolíneas como Volaris.
Conexión Ferroviaria
La conexión ferroviaria a Tijuana es limitada y requiere transbordos complejos.
Cuadro 3. Conexiones con la Costa Oeste de Estados Unidos Fuente: elaboración propia

Las rutas de Zacatecas tienen una conexión estratégica con la frontera este de los Estados Unidos (Texas), consolidándose como un corredor vital para el comercio del T-MEC.

Las principales vías que conectan Zacatecas con los puertos de entrada del noreste son:

DirecciónConexión en MéxicoRecorridoConexión en Estados UnidosCaracterísticas
Rutas hacia la frontera de Texas (Este).Desde Laredo, Tamaulipas hacia Laredo, Texas.La Carretera Federal 54 hacia Saltillo/Monterrey. Luego la Carretera Federal 85 (Autopista Monterrey-Nuevo Laredo).Conecta directamente con la Interestatal 35 (I-35) en Estados Unidos, que llega hasta la frontera con Canadá.Es el puerto terrestre más importante para el comercio bilateral.
Desde Reynosa / Matamoros / Tamaulipas hacia McAllen / Brownsville, Texas.Desde Zacatecas la Carretera Federal 49 o 54 lleva hacia Monterrey. Luego la Carretera Federal 40 hacia Reynosa o Matamoros.Estas rutas son clave para el flujo de mercancías hacia los centros logísticos del sur y este de Texas.
Corredor ferroviario
Corredor NoresteZacatecas se enlaza con las líneas que van a Monterrey y luego al cruce de Nuevo Laredo.Para el transporte intermodal hacia el este y medio oeste de Estados Unidos.
Cuadro 4. Conexiones con la Costa Este de Estados Unidos Fuente: elaboración propia

La infraestructura ferroviaria de la conexión este es un pilar del hub logístico. Las exportaciones mexicanas por estas rutas crecerían entre un 3% y un 5% durante 2026 debido al nearshoring.

Conexión con Sinaloa

Zacatecas tiene una conexión terrestre directa y estratégica con Sinaloa, formando parte de un corredor comercial clave que une el centro-norte de México con la costa del Pacífico.

RutasConexionesRecorridoCaracterísticas
El Corredor Económico del NorteZacatecas y Sinaloa son estados fundamentales del Corredor Económico del Norte.Una red de infraestructura diseñada para conectar el Puerto de Mazatlán con la frontera este de Estados Unidos (Texas).Esta ruta permite que las mercancías que entran por el Pacífico atraviesen Zacatecas para llegar a mercados del noreste y el extranjero.
Ruta Terrestre Principal (Zacatecas - Mazatlán).La conexión más importante es hacia Mazatlán, el principal puerto de Sinaloa.De Zacatecas a Durango: se utiliza la Carretera Federal 45 o la 49.
De Durango a Mazatlán: se toma la Autopista Durango-Mazatlán (150D).Famosa por el puente Baluarte, que cruza la Sierra Madre Occidental y conecta directamente con Sinaloa.
Conexión con Culiacán y el norte de Sinaloa.Para llegar a la capital, Culiacán, o al puerto de Topolobampo (en el norte de Sinaloa), la ruta continúa desde Mazatlán hacia el norte por la Carretera Federal 15 (corredor del Pacífico).
Conectividad Aérea.Los vuelos conectan el Aeropuerto Internacional de Zacatecas (ZCL) con el de Mazatlán (MZT), con 4.5 a 6.5 horas de vuelo, incluyendo escalas.
Cuadro 5. Conexión con Sinaloa Fuente: elaboración propia

4.5. La determinación orográfica del espacio: el embudo de Fresnillo y el dilema de seguridad narco

Si las carreteras federales constituyen las venas logísticas del hub zacatecano, el relieve orográfico del Estado funciona como el espacio físico que constriñe, acelera o embuda los flujos del trasiego transnacional. Como se transcribe minuciosamente en el Cuadro 6, el territorio de Zacatecas está atravesado por la transición geomorfológica entre la Meseta Central y las estribaciones orientales de la Sierra Madre Occidental, configurando un terreno accidentado con elevaciones que superan los 2,500 metros sobre el nivel del mar. Lejos de ser un dato meramente topográfico, este determinismo geográfico impone la ley de la física sobre las estrategias de las organizaciones criminales.

Bajo el prisma de la Geopolítica de la Fragmentación, la orografía zacatecana produce un fenómeno geopolítico crítico: el embudo natural de Fresnillo. Al analizar el Cuadro 6, queda en evidencia que los flujos viales que ascienden desde el occidente y el Pacífico (Carretera Federal 54) y los que provienen del centro del país (Carretera Federal 45) son forzados por el relieve de la Sierra Madre a converger en un estrecho pasillo geográfico plano en el centro-norte del estado.

El municipio de Fresnillo constituye el heartland de este embudo. La geografía obliga a que todo el trasiego de precursores químicos, fentanilo y cocaína se concentre físicamente en este nodo estratégico antes de dispersarse hacia las rutas norteñas (vías 45 y 49) rumbo a Texas.

Esta concentración física forzada es la que explica científicamente por qué Fresnillo se convirtió en el epicentro histórico de la violencia espectacular y el terror en México, registrando percepciones de inseguridad cercanas al 97%. Al ser un cuello de botella ineludible, las estructuras criminales del CJNG y del Cártel de Sinaloa caen en lo que denominamos un «dilema de seguridad narco» de la fragmentación: ningún grupo posee la capacidad de controlar la totalidad del hub, pero ninguno permite que el rival monopolice el embudo de Fresnillo.

Por consiguiente, la violencia en Fresnillo no responde a una anarquía delictiva común, sino a una necesidad táctica de control aduanero. Al astillarse el espacio por la presión militar, el relieve escarpado de la Sierra Madre Occidental ofrece a las células criminales zonas de repliegue táctico y refugio inexpugnable, mientras que las llanuras conectoras de Fresnillo operan como el campo de batalla abierto donde se libran las guerras de posiciones. El crimen organizado se ve forzado a copiar los atributos de la estatalidad en los municipios aledaños a este embudo (Valparaíso, Sombrerete, Jerez) para construir un blindaje perimetral que proteja el tránsito por la joya de la corona logística.

Esta necesidad de control perimetral se rige con exactitud por la categoría clásica de la geopolítica que define a los buffers o zonas de amortiguación geopolítica. En la teoría del equilibrio de poder, un buffer constituye un espacio intermedio y geográficamente delimitado que los actores soberanos colonizan o neutralizan para evitar el choque directo en sus núcleos vitales y para absorber los impactos de la expansión rival.

Trasladado al paradigma de la fragmentación cualitativa en Zacatecas, municipios periféricos como Valparaíso (en la frontera con Jalisco y Durango), Sombrerete (en la salida hacia el norte minero) y Jerez (como bisagra habitacional) operan formalmente como los buffers estratégicos que protegen el heartland logístico de Fresnillo.

Las facciones en pugna no buscan necesariamente rentabilizar estos municipios en términos de mercado interno, sino utilizarlos como parachoques armados. Al edificar allí un orden coactivo mutante basado en retenes, control de policías locales y redes de vigías, el crimen organizado construye zonas tapón que dilatan o neutralizan las ofensivas de la fuerza pública o del cartel competidor, asegurando que las fricciones bélicas de la periferia mantengan perfectamente despejado y fluido el tránsito por la arteria central del embudo.

Esta dinámica espacial pone de manifiesto una alarmante capacidad de 'autosacrificio' por parte del crimen organizado, una variable que no pertenece a la lógica de la administración del Estado, sino a los anales más descarnados de la guerra y la supervivencia territorial. Dicha capacidad de autosacrificio no responde a impulsos irracionales; implica una voluntad colectiva, una inteligencia agencial y una estrategia de resistencia profunda que, sin necesidad de un generalato formal o piramidal, se despliega en manos de las puras necesidades de preservación del espacio logístico.

Con un lejano antecedente histórico en las migraciones forzadas por las glaciaciones, donde la especie sacrificaba sus flancos periféricos para salvaguardar el núcleo, el faccionalismo criminal contemporáneo inmola sus peones y micro-territorios fronterizos con la parsimonia de un estratega que sabe que la pérdida del buffer es el costo necesario para perpetuar el flujo de la facilitación comercial global.

En síntesis, el Cuadro 6 demuestra que en Zacatecas la geografía dicta los puntos de fricción: las carreteras distribuyen la riqueza del trasiego, pero el relieve es el que decreta dónde se derrama la sangre por la fragmentación del poder.

Nota metodológica y testimonial: la infiltración simétrica de la estatalidad en Fresnillo, año 2014.

La materialización de esta estatalidad clonada y la naturaleza híbrida de la gobernanza criminal en el heartland del hub no constituyen una hipótesis reciente; es un proceso de sedimentación histórica que el autor pudo constatar de manera directa en el terreno (Emmerich, 2024: 298). En el año 2014, con la presentación formal del Ayuntamiento de Fresnillo y cumpliendo con los protocolos institucionales del presidente municipal, el autor impartió una capacitación estratégica a la totalidad de la fuerza policial local, integrada por aproximadamente 100 efectivos. Durante la sesión, la polarización y la tensión interna de la corporación desencadenaron una batahola descomunal en el recinto, cuya contención operativa solo fue posible mediante la intervención coercitiva y el liderazgo directo del propio comandante de la policía municipal.

La profundidad del quiebre institucional se reveló de forma descarnada durante el almuerzo oficial posterior, donde el autor —acompañado por su equipo técnico— fue escoltado por una camioneta artillada y tres comandos de la SEMAR - Marina de México. Al interrogar al mando policial respecto a la magnitud de la custodia en un perímetro teóricamente asegurado, la respuesta del comandante desnudó la paradoja de la seguridad pública mexicana: el despliegue militar no buscaba contener una amenaza exterior delictiva, sino proteger la vida del propio jefe policial frente a complots de asesinato originados por sus subalternos. El mando notificó formalmente que al menos el 50% de la fuerza policial bajo su cargo operaba de manera simétrica como personal operativo de la organización criminal de «Los Zetas», habiendo acreditado previamente, de forma paradójica, los exámenes oficiales de control de confianza del Estado mexicano. Este hecho histórico demuestra que la fragmentación cualitativa no destruye el hardware burocrático del Estado; lo coloniza desde adentro, transformando los aparatos de coacción legal en aduanas híbridas donde el delito legisla bajo el amparo de la placa oficial.

4.6. Reactualización del paradigma: la gobernanza criminal fragmentaria e híbrida

La evidencia testimonial e histórica de Fresnillo obliga a operar una reactualización profunda del concepto de gobernanza criminal. La literatura convencional (Lessing, 2018; Trejo y Ley, 2020) suele definir la gobernanza criminal como una estructura estática y de suma cero, donde el actor delictivo despliega un orden social sustitutivo ante la ausencia o repliegue de las instituciones públicas. Sin embargo, el paradigma de la Geopolítica de la Fragmentación demuestra que la gobernanza contemporánea no es sustitutiva, sino híbrida, molecular y altamente dinámica.

No se asiste a la desaparición del Estado, sino a un proceso de cohabitación simbiótica en el fragmento territorial: el hardware burocrático legal (los exámenes de control de confianza, las patrullas municipales, las alcaldías) coexiste y legitima el software operativo del cartel.

En las aduanas y buffers del hub zacatecano, los límites entre lo lícito y lo ilícito se disuelven. La gobernanza criminal fragmentaria ya no aspira a derrocar el mando centralizado, sino a gerenciar la fluidez del pasillo logístico a través de la colonización microfísica de los aparatos de coacción del propio Estado. El delito no destruye la ley, la copia y la implementa con rango oficial, transformando el dilema de seguridad en una permanente negociación armada por la administración de los recursos y las soberanías locales.

AccidenteUbicaciónEfecto en la rutaCaracterísticas
La Sierra Madre Occidental (la Gran Barrera).Es el accidente más determinante. Corre de norte a sur por todo el oeste del Estado.Las rutas hacia Sinaloa no salen directamente de Zacatecas hacia el oeste. Antes suben a Durango para buscar el paso a través de la sierra.Una cadena montañosa abrupta y difícil de cruzar.
El Cañón de Juchipila y el Cañón de Tlaltenango (como parte de la Sierra Madre Occidental).Al sur del Estado las montañas se abren en estos dos grandes cañones.La Carretera Federal 23 y la 54 corren por el fondo de estos valles para llegar a Guadalajara, evitando las altas cumbres.
El Altiplano mexicano (la Meseta Central).La mayor parte del centro y oriente de Zacatecas es una meseta de gran altitud (2,100 a 2,400 msn).Por allí corren la Carretera Federal 45 y la 49. Es un terreno ideal para el ferrocarril y el transporte de carga pesada, ya que no hay pendientes extremas.El terreno relativamente plano y semiárido permitió el diseño de líneas rectas y largas.
La Sierra de Zacatecas y el Cerro de la Bufa.La capital del Estado está construida en un terreno muy accidentado de cañadas y cerros.Esto obliga a que la Carretera Federal 45 se convierta en un libramiento (para el Tránsito Pesado) que rodea la ciudad.Las montañas actúan como un embudo. El tráfico que viene del sur tiene que pasar por un estrecho corredor natural en Fresnillo para seguir hacia el norte.
El Desierto de Chihuahua (Zona Norte)Hacia el norte (Saltillo o Ciudad Juárez) el terreno se vuelve más árido y desértico.La falta de ríos caudalosos y la estabilidad del suelo desértico permitieron trazar carreteras de alta velocidad con pocas curvas.Las distancias entre puntos de abastecimiento de agua o servicios son grandes, lo que concentra la logística en determinados nodos, como Concepción del Oro.
Cuencas endorreicas (lagunas secas)En algunas zonas del Estado existen cuencas que no tienen salida al mar, formando zonas de salitrales o lagunas estacionales.Los ingenieros evitan estas zonas, el suelo es inestable y tiende a inundarse o hundirse. Buscando suelo firme, algunas carreteras dan rodeos que parecen innecesarios en el mapa.
Cuadro 6. Accidentes geográficos y orográficos Fuente: elaboración propia

4.6. El crimen organizado en Zacatecas: de la corporación vertical a la mente en colmena fragmentaria

El análisis convencional del crimen organizado en México suele cometer el error de diagnosticar a las organizaciones delictivas como carteles monolíticos, burocráticos y con mandos piramidales inmutables. Sin embargo, al aplicar el prisma de la Geopolítica de la Fragmentación, se evidencia que las estructuras que operan en el hub logístico de Zacatecas (Cuadros 1 y 2) constituyen en realidad federaciones mutantes de células delictivas locales que clonan atributos de estatalidad en un régimen de franquicia armada. La evolución reciente de estas organizaciones demuestra que la presión coercitiva del Estado no desmantela el negocio; acelera su descentralización y atomización territorial.

4.6.1. El punto de inflexión agencial: el impacto de la muerte del «Mencho» (2026)

La validez de la tesis de la fragmentación cualitativa ha quedado trágicamente demostrada tras el hito histórico que reconfiguró el mapa de la criminalidad transnacional: la muerte confirmada de Nemesio Oseguera «El Mencho», líder hegemónico del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este evento operó como un violento catalizador que pulverizó las últimas amarras de la verticalidad corporativa criminal, desatando reacomodos logísticos y escisiones intestinas instantáneas en al menos 11 estados de la República, con especial virulencia en el embudo estratégico de Zacatecas.

Bajo la vieja Geopolítica de la Seguridad, la desaparición del capo hegemónico habría sugerido el debilitamiento del cartel, su fragmentación autodestructiva o su absorción por parte del Cártel de Sinaloa. Bajo la Geopolítica de la Fragmentación, el fenómeno es simétricamente inverso:

4.6.2. La mutación de la violencia espectacularizada a la violencia encubierta

Esta transición estructural explica científicamente la paradoja estadística revisada en el diagnóstico objetivo de este trabajo: el desplome drástico de los homicidios dolosos desde 1,741 casos en 2021 a solo 54 incidentes en el año 2025 y 2026. La burocracia estatal atribuye este éxito de pacificación a la eficiencia punitiva de la «Agenda de la Paz». Sin embargo, la geopolítica crítica demuestra que la pax mafiosa de la fragmentación responde a un cambio de la matriz delictiva forzada por el nuevo entorno horizontal:

En síntesis, el crimen organizado en Zacatecas no ha sido derrotado; ha alcanzado su etapa más sofisticada: una gobernanza molecular, encubierta e híbrida, perfectamente adaptada a las venas del capitalismo extractivo contemporáneo.

Este fenómeno de clandestinización encuentra un sólido respaldo en la literatura sociológica y criminológica contemporánea. Como demuestran Jack Levin y Julie B. Wiest (2023) en su tratado sobre la violencia encubierta, las estructuras que operan con altos niveles de adaptabilidad institucional tienden a sustituir la violencia espectacular por mecanismos surrepticios diseñados específicamente para eludir los radares de los registros oficiales, forzando a que la letalidad real quede camuflada o administrativamente invisibilizada.

En la misma línea, recuperando el planteamiento de Javier Auyero (2012) respecto a la violencia encubierta y la gobernanza de la ambigüedad, la desaparición forzada de personas en el hub zacatecano opera como el software óptimo de la fragmentación: permite a las micro-facciones de la mente en colmena ejercer un control social punitivo e inflexible sobre el territorio, mientras ofrecen a la burocracia estatal el hardware estadístico necesario para simular un escenario de pacificación punitiva y éxito de política pública.

Figura 1. Síntesis del hub zacatecano: las rutas 23, 45, 49 y 54
Figura 1. Síntesis del hub zacatecano: las rutas 23, 45, 49 y 54 Fuente: Google Maps

Sección 5La política pública de seguridad en Zacatecas a partir del año 2021: de la presencia militar a la respuesta coercitiva simétrica

A partir del año 2021, y con mayor énfasis metodológico tras la implementación de la «Agenda de la Paz» en 2024, el gobierno del estado de Zacatecas operó un giro radical en su hardware de seguridad pública, estructurado formalmente en torno a siete (7) iniciativas territoriales estratégicas. Estas acciones incluyeron la creación e inserción de las Fuerzas de Reacción Inmediata Zacatecas (FRIZ), la instalación masiva de arcos carreteros inteligentes conectados al sistema C5i, el fortalecimiento de las Unidades Regionales de Seguridad (UNIRSE) como aduanas de control policial, y el despliegue coordinado de la Guardia Nacional y el Ejército en las principales arterias del trasiego.

Oficialmente, la burocracia estatal evalúa el éxito de este aparataje punitivo mediante la contabilidad lineal del delito: el desplome de homicidios dolosos de 1,741 casos en 2021 a escasos 54 incidentes registrados con posterioridad se presenta como la evidencia empírica de la recuperación del monopolio de la violencia. No obstante, al aplicar el software interpretativo de la Geopolítica de la Fragmentación y el andamiaje sociológico de Javier Auyero respecto a la «zona de gris» institucional, se evidencia que estas 7 iniciativas no desmantelaron las estructuras delictivas. En cambio, forzaron a una reconfiguración espacial y simétrica del poder en el mapa.

5.1. Las iniciativas territoriales del nivel inicial

El nivel inicial consistió en siete (7) iniciativas territoriales para la recuperación del control territorial.

5.1.1. El despliegue del C5i y las UNIRSE como fronteras de conducción estrecha (análisis de las iniciativas 1 a 4)

El robustecimiento logístico de los arcos carreteros y las UNIRSE (Iniciativas 2 y 3) alteró la física del tránsito por las Carreteras Federales 45, 49 y 54. Al saturar las autopistas principales con instrumentos tecnológicos de alta visibilidad, el Estado no interrumpió el flujo de la globalización ilícita; provocó un fenómeno de deslocalización y encauzamiento.

Las micro-facciones de la mente colmena criminal (CJNG y Sinaloa) asimilaron de inmediato el cambio de entorno. Entendieron que la confrontación abierta en las venas del hub central atraía despliegues masivos del Ejército, rompiendo la rentabilidad del pasillo logístico. En consecuencia, la respuesta del crimen organizado fue de una simetría adaptativa absoluta: cedieron el control superficial de la visibilidad vial al Estado formal, mientras replegaban sus estructuras operativas hacia los caminos rurales y los municipios periféricos que actúan como buffers o zonas de amortiguación (Valparaíso, Jerez, Sombrerete). Las UNIRSE y los arcos del C5i terminaron operando, paradójicamente, como los estabilizadores de una pax mafiosa superficial: el Estado vigila la autopista, mientras el crimen administra los fragmentos municipales aledaños.

Esta reorganización del despliegue operativo contempló operaciones urbanas, rurales, aéreas y operaciones contra la delincuencia, para mejorar la capacidad de respuesta institucional en los lugares con mayor incidencia delictiva y situaciones de riesgo. Se reforzó la presencia de las fuerzas de seguridad en sectores específicos de Zacatecas, para estar en todos lados, pero de manera diferente en cada uno, relacionados con el mapa de nodos de conexión del Estado.

Las características del hub zacatecano obligaron a perfilar geopolíticamente (poder sobre el territorio) la distribución combinada de acciones de seguridad vial y combate al delito en las rutas terrestres. El reforzamiento del control territorial terrestre fue una consecuencia del hub de conexión estratégico.

Algunos operativos tuvieron lugar en la zona centro del Estado ya que, al conectar directamente con los estados vecinos de Aguascalientes, Durango (ruta 45) y San Luis Potosí (ruta 49), es el locus de asentamiento de las vías más importantes de conexión interestatal.

Las UNIRSE son instalaciones estratégicas instaladas en las rutas de conexión interestatal para brindar seguridad y garantizar la atención ciudadana de manera efectiva, facilitando la comunicación entre la ciudadanía y las fuerzas de seguridad locales.

Las principales garantías aseguradas fueron: la incorporación de más efectivos en el territorio, espacios de apoyo e información a los viajeros y paraderos seguros. Las UNIRSE son un instrumento que provee servicio con un escaso uso de la fuerza pública, reforzando la idea de un Estado que controla el territorio. Estos espacios están establecidos a lo largo de las rutas para que los viajeros confíen en los servicios de seguridad y cuenten con acceso gratuito a Internet, asentando puntos fijos de estatalidad.

La FRIZ busca fortalecer la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia, violencia o delincuencia, mediante operativos estratégicos en zonas ya identificadas. Su despliegue operativo abarca diversos municipios y puntos de coordinación con las UNIRSE, permitiendo cubrir más territorio de manera más amplia e intervenir más ágilmente. Aquí cobra importancia la idea de estar en todos lados, pero de diferente forma en cada uno.

El personal de la FRIZ tiene entrenamiento especial, enfocado en distintas áreas de operación. Entre las principales disciplinas desarrolladas se incluyeron las operaciones especiales, tácticas rurales y aeromóviles, un proceso formativo de alto nivel de competencia y preparación integral para responder de manera eficiente ante cualquier evento.

5.2. Las fuerzas FRIZ y la militarización: el anclaje en la «Zona Gris» (análisis de las Iniciativas 5 a 7)

La creación de las Fuerzas FRIZ y la masificación de la Guardia Nacional (Iniciativas 1 y 5) pretendían recuperar el control territorial mediante la coacción directa. Sin embargo, la persistencia de una gobernanza criminal molecular demuestra que estas fuerzas de choque chocan de frente contra la porosidad de la «zona gris» teorizada por Auyero y Berti (2013).

Como el autor constató en la investigación etnográfica en el heartland de Fresnillo, la estatalidad paralela que edifica el delito no se destruye con patrullajes masivos porque se encuentra imbricada en el propio hardware burocrático legal del nivel local. La respuesta del crimen organizado fragmentario ante las FRIZ consistió en clonar y burocratizar la coacción: al infiltrar las policías municipales —cuyos elementos acreditan los exámenes oficiales de control de confianza del propio Estado—, las micro-facciones criminales adquirieron la capacidad agencial de anticipar, desviar o dilatar la acción punitiva federal.

Por consiguiente, la drástica reducción de la letalidad abierta (homicidios) es el dividendo directo de esta hibridación institucional: la violencia espectacularizada mutó hacia la violencia encubierta de la desaparición forzada precisamente porque las redes delictivas aprendieron a cohabitar con el despliegue de las iniciativas estatales. Ocultar el cuerpo es el software óptimo que las micro-facciones ejecutan en la cotidianidad de la fragmentación: les permite mantener el Mando real y la extorsión sobre el territorio, al mismo tiempo que proveen a la burocracia del Estado formal de las estadísticas necesarias para simular la pacificación y justificar la continuidad presupuestaria de su hardware punitivo.

En síntesis, el análisis de la política pública desde 2021 demuestra que el Estado y el crimen organizado ya no operan en un juego de suma cero; cohabitan en un entramado de soberanías astilladas donde la simulación estadística es la ley que gobierna el espacio.

Cada institución puso a disponibilidad representantes permanentes en esta mesa de trabajo. La reunión diaria cumplía con determinados objetivos: la priorización de órdenes judiciales, la identificación de objetivos prioritarios y generadores de violencia, para actuar sobre ellos en el futuro.

Las cámaras C5 y C4, los arcos carreteros, el reconocimiento facial, los lectores de placas, los drones y aviones no tripulados apoyaron la política e seguridad. Su función principal es la observación del territorio en tiempo real, la detección de los movimientos sospechosos y el seguimiento automatizado de los vehículos o personas, reforzando la capacidad de respuesta inmediata. Se sumaron los helicópteros y la red de fibra óptica, para garantizar la movilidad y la comunicación efectiva entre las fuerzas operativas y proveer celeridad en la respuesta de campo.

El diseño de un modelo de planeación centralizada y ejecución descentralizada permitió combinar la dirección estratégica del gobierno estatal con la capacidad operativa de los municipios. Desde la Secretaría de Seguridad Pública se establecieron los lineamientos generales, metas e indicadores de acción, mientras que las fuerzas locales y regionales adaptaron las estrategias según las condiciones específicas de cada territorio.

Sección 6De la geopolítica de la seguridad a la geopolítica de la fragmentación: una relectura crítica del espacio zacatecano

El marco convencional de la Geopolítica de la Seguridad —sustentado en la premisa clásica de que el Estado centralizado y el delito operan como dos vectores absolutos en disputa lineal por el monopolio del espacio— ha quedado teóricamente rebasado por la porosidad del escenario contemporáneo. Si bien la geopolítica de la seguridad clásica (Spykman, 1942; Lacoste, 2008) aportó el background necesario para entender que la criminalidad no es un mero fenómeno criminológico sino un desafío territorializado, su arquitectura analítica asume una rigidez institucional que simplifica la interacción entre los actores reales en el terreno.

La física de la realidad en Zacatecas exige transitar de forma definitiva hacia el paradigma de la Geopolítica de la Fragmentación. La ruptura epistemológica que introduce esta subdisciplina radica en que el espacio ya no se disputa en un juego de suma cero (donde el avance del Estado implica la desaparición del cartel); se gestiona, se astilla y se copia en un régimen de cohabitación armada y microfísica.

Esquema comparativo entre la geopolítica de la seguridad tradicional (Estado monolítico, juego de suma cero) y la geopolítica de la fragmentación (territorio fragmentado, cohabitación molecular y gris).
Gráfico 2. La Cruz Zeta
Gráfico 2. La Cruz Zeta Fuente: elaboración propia en base a Lomnitz (2023).

6.1. Las tres falacias de la geopolítica de la seguridad clásica

Al confrontar el viejo marco analítico contra el atlas de los cuadros territoriales (Cuadros 1 a 6) y la evidencia empírica de este trabajo, emergen tres contradicciones insubsanables que justifican el salto teórico:

6.2. La zona gris como espacio de gobernanza híbrida

La transición hacia la geopolítica de la fragmentación encuentra su validación sociológica definitiva en la «zona gris» conceptualizada por Javier Auyero y María Fernanda Berti (2013). La gobernanza en el hub zacatecano no es un vacío de poder; es una trama híbrida y molecular donde los límites institucionales se disuelven en la cotidianidad del fragmento.

La experiencia etnográfica del autor en el heartland de Fresnillo en 2014 —donde la mitad de la fuerza policial acreditada por los exámenes oficiales de control de confianza del Estado operaba simultáneamente como el brazo coactivo de Los Zetas— demuestra que el crimen organizado no destruye el hardware burocrático; lo coloniza y lo burocratiza. Las micro-facciones de la mente en colmena cohabitan con los arcos carreteros del C5i porque controlan el territorio desde adentro del propio aparato estatal local. En conclusión, la fragmentación no es la ausencia de estatalidad; es la clonación, dispersión y clandestinización absoluta de los atributos del poder en las venas del capitalismo contemporáneo.

Sección 7El caso de Fresnillo: el heartland del embudo y el colapso del dilema de seguridad narco

Si el análisis macro-geopolítico identifica las venas terrestres del hub zacatecano, el estudio molecular del municipio de Fresnillo permite certificar el funcionamiento empírico de la Geopolítica de la Fragmentación. De acuerdo con el atlas de cuadros territoriales analizado en este trabajo, Fresnillo no padece una patología criminal de orden local o aislada; constituye el heartland estratégico donde confluyen de manera ineludible las Carreteras Federales 45, 49 y 54.

Como detalla la ley de la física orográfica en el Cuadro 6, el relieve escarpado de la Sierra Madre Occidental constriñe los flujos logísticos interoceánicos, forzando a que el trasiego global de precursores químicos y alcaloides se encolumne materialmente en este nodo geográfico plano.

Esta centralidad de infraestructura explica la paradoja subjetiva que sitúa históricamente a Fresnillo en la cúspide del pánico social mexicano. Durante el período álgido de la disputa predatoria abierta, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI registró sistemáticamente indicadores de percepción de inseguridad pavorosos, alcanzando un pico de 97.7%. Aunque las iniciativas de la «Agenda de la Paz» en 2024 operaron un descenso cuantitativo situando el indicador en 75.4%, la persistencia del temor colectivo demuestra que la masa social decodifica que las micro-facciones de la mente colmena continúan administrando de facto la soberanía cotidiana del fragmento territorial.

7.1. El choque por la aduana vital

Bajo el marco conceptual interpretativo de la fragmentación cualitativa, el nivel extremo de letalidad y coacción experimentado en Fresnillo responde estrictamente al dilema de seguridad narco:

7.2. La zona gris municipal y la institucionalización del caos

La gobernanza en el heartland de la fragmentación no se caracteriza por la ausencia de instituciones, sino por la consolidación de una «zona gris», conceptualizada por Javier Auyero. La materialización de este orden híbrido posee un anclaje empírico directo en la investigación etnográfica y testimonial desarrollada por el autor en el propio terreno municipal.

La capacitación estratégica dictada por el autor en 2014 a la totalidad de la fuerza policial de Fresnillo desnudó la clonación institucional de los atributos de la estatalidad. En un escenario donde el 50% de los elementos policiales en activo operaba simétricamente como el brazo ejecutor de la organización de «Los Zetas» —habiendo acreditado formalmente los exámenes oficiales de control de confianza del Estado—, la frontera entre la ley formal y la macrocriminalidad quedó anulada. La escolta militar proporcionada al autor por tres comandos de la Marina Armada de México para proteger al propio comandante municipal frente a amenazas de asesinato originadas por sus subordinados oficiales, certifica que los aparatos de coacción legal del nivel local mutaron tempranamente hacia aduanas híbridas de la fragmentación.

En el presente continuo, las 7 iniciativas del Estado zacatecano (como la saturación de arcos del C5i y el patrullaje de las fuerzas FRIZ) se topan de frente contra este blindaje molecular. Las micro-facciones autónomas de la mente en colmena criminal cohabitan plácidamente con el despliegue de la fuerza pública federal porque han aprendido a ejecutar el software de la violencia encubierta. Al sustituir el homicidio expuesto por la desaparición forzada de personas, el crimen organizado en Fresnillo mantiene el mando real del cobro de piso corporativo y el control aduanero del pasillo logístico, al mismo tiempo que le permite a la burocracia estatal simular el éxito estadístico de su pacificación punitiva.

En conclusión, Fresnillo es el espejo del México contemporáneo: un heartland estratégico donde el hardware del Estado y el software del crimen organizado se funden en una gobernanza híbrida, molecular e inexpugnable, perfectamente adaptada a las arterias viales del capitalismo contemporáneo.

Gráfico 2. Homicidios dolosos en Zacatecas. Período 2021-2025
Gráfico 2. Homicidios dolosos en Zacatecas. Período 2021-2025 Fuente: Cabral (2026).

ConclusionesConclusiones y propuestas estratégicas: hacia un rediseño de la estatalidad en un territorio fragmentado

El análisis pormenorizado del escenario zacatecano durante el período 2021-2025, contrastado bajo el prisma de la Geopolítica de la Fragmentación, permite clausurar las lecturas lineales y punitivas de la seguridad pública que imperan en la burocracia del fango institucional. La física del territorio, plasmada en el atlas de cuadros viales y orográficos de este trabajo, demuestra que Zacatecas no enfrenta una crisis delictiva común, sino una mutación estructural profunda en las formas de gobernanza, soberanía y ejercicio de la coacción.

8.1. Conclusiones fundamentales: el balance del orden astillado

Como validan Jack Levin y Julie B. Wiest (2023) al conceptualizar la covert violence, la fragmentación competitiva forzó una racionalización de la letalidad: el crimen organizado sustituyó el asesinato expuesto por la desaparición forzada de personas. Ocultar el cuerpo es el nuevo comportamiento agencial que permite al delito mantener el control territorial y el cobro de piso corporativo, proveyendo al mismo tiempo al Estado del hardware estadístico necesario para justificar el éxito cosmético de su política pública.

8.2. Propuestas estratégicas: el quiebre del modelo punitivo

Para revertir la fragmentación cualitativa del espacio zacatecano y recuperar una estatalidad democrática real, se propone un cambio radical del modelo operativo basado en tres ejes:

Esquema del paso del modelo punitivo del pasado (saturación de hardware federal, pax superficial y violencia encubierta) al rediseño estatal futuro (desmantelamiento de la zona gris, soberanía institucional real y territorial).

8.3. Epílogo prospectivo: la paradoja del progreso y los acomodos coincidentes

La explicación del proceso de racionalidad territorial y estatalizante del crimen organizado en Zacatecas nos sitúa ante un horizonte prospectivo dominado por la fluidez y la mutación constante. Al asumir las tesis de este trabajo, emerge una interrogante epistemológica fundamental respecto a la naturaleza misma del «éxito» en las políticas públicas de seguridad.

Si el Estado formal aplicara de manera quirúrgica las propuestas aquí señaladas, presionando y desmantelando la gobernanza híbrida en los municipios periféricos que operan como buffers, la lógica inexorable de la Geopolítica de la Fragmentación indica que el fenómeno delictivo no desaparecería; simplemente activaría un nuevo modelo de readaptación agencial. Al ser la territorialidad una variable caleidoscópica infinita, el crimen organizado molecular volverá a reacomodarse en el mapa, encontrando una nueva situación favorable en los intersticios del sistema.

Esta dinámica perpetua puede ser conceptualizada bajo dos términos transicionales: la naturaleza del progreso y la relatividad del éxito.

En conclusión, la geopolítica de la fragmentación nos advierte que la seguridad no es un puerto de llegada, sino un eterno juego de adaptaciones simétricas donde el Estado y el crimen organizado están condenados a cohabitar, rediseñando perpetuamente las fronteras de la estatalidad en un territorio que se astilla infinitamente.

Por consiguiente, el diagnóstico y la cartografía del escenario contemporáneo deben asumir un carácter estrictamente permanente, reconociendo que las dinámicas espaciales de la fragmentación se mueven a mayor velocidad que los marcos jurídicos formales. Bajo esta premisa, la capacidad de adaptación y resiliencia de las políticas públicas de seguridad debe ser comprendida de manera rigurosa como un objeto central de estudio epistemológico y metodológico, no como un mero elemento operativo o receta de manual burocrático.

El diseño institucional no requiere fórmulas rígidas de aplicación inmediata, sino un software analítico de alta escuela que sea capaz de decodificar científicamente las mutaciones simétricas del territorio. Solo comprendiendo que la estatalidad y su contraparte criminal operan en un laboratorio de adaptaciones continuas, la Academia podrá legislar conceptualmente sobre la realidad, superando la inmediatez de la propaganda oficial y arrojando luz sobre las verdaderas fronteras del poder en el siglo XXI.

Cómo citar este ensayo

Emmerich, N. (2026). Estatalidad astillada y violencia encubierta: un análisis de las políticas públicas de seguridad en Zacatecas desde la geopolítica de la fragmentación. 2021-2025 [Ensayo académico]. Centro de Estudios en Estrategia y Políticas Públicas (CEEYPP). https://ceeypp.org/informes/estatalidad-astillada-violencia-encubierta-zacatecas/

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